Vacunas infantiles

Las vacunas infantiles son necesarias para nuestros hijos, pero por si tienes dudas, aquí respondemos a algunas preguntas sobre estas para conocerlas mejor

Vacunas infantiles

Desde el nacimiento hasta los 14 años, nuestros hijos son vacunados de diferentes enfermedades, aunque en ocasiones algunos padres son reacios a esta práctica sistemática. Aquí os damos las claves de la necesidad de estas vacunas.

¿Por qué debería vacunar a mi hijo/a?

La razón es clara y sencilla. Porque sólo desde la vacunación se puede explicar el gran descenso de enfermedades tales como la difteria, el tétanos, la viruela, la tos ferina, la poliomielitis, la rubéola congénita y las producidas por Haemophilus influenzae tipo b y el meningococo C, siendo el descenso del 95 por ciento e incluso del cien por cien.

Las vacunas tienen la función de prevenir enfermedades potencialmente peligrosas (como las que acabamos de mencionar), de modo que si el niño la contrae, el organismo está preparado desde dentro para luchar contra la infección.

¿Cómo funcionan las vacunas?

Las vacunas se extraen de las partes inactivas de los virus o bacterias, que son las causantes de las infecciones. Mediante la vacuna, entran en el organismo del niño y este va desarrollando sus propias defensas frente a estos virus o bacterias. De este modo, el niño no enferma o si lo hace será de una forma muy leve.

¿Por qué han de empezar nada más nacer?

Los niños están protegidos nada más nacer gracias a las defensas que han recibido de su madre durante el embarazo, y lo seguirá haciendo si la lactancia es materna. Pero estas defensas se van agotando en el segundo o tercer mes de vida y las tiene que producir por sí mismo. Es el momento de iniciar la vacunación para que estén protegidos ante estas enfermedades lo antes posible, así será más efectiva y duradera.

Para asegurarnos de esto, hace falta repetir las dosis a lo largo de sus primeros años de vida (entre 2 y 4). De ahí la importancia de cumplir el calendario de vacunas.

¿Son seguras las vacunas?

. Como todos los medicamentos, las vacunas están sometidas a los estudios necesarios para poder ser administradas. En ocasiones pueden tener efectos secundarios muy leves, tales como fiebre, sarpullido o dolor en el lugar del pinchazo. Muy raramente provoca reacciones más importantes, a no ser en alérgicos al preparado u otro tipo de circunstancias excepcionales.

De todas formas, si crees que tu hijo tiene una reacción diferente a la descrita, acude al centro de salud lo antes posible y consúltalo con tu pediatra.

¿Cuándo no vacunar a un niño?

Será tu pediatra quien lo valore, pero normalmente se retrasa la vacuna en caso de que tu hijo/a tenga fiebre el día previsto para la vacunación o si tiene alguna alergia a alguno de sus componentes. Si simplemente está resfriado, la vacunación se hará normalmente.

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